‘El Libro de la Vaca Divina’ o ‘Libro de la Vaca
Celeste’ se encuentra representado, total o parcialmente, en el primer
féretro de Tutanjamón y en los muros de las tumbas de Sethy I, Ramsés
II, Ramsés III y Ramsés VI. El texto se compone de cinco partes
claramente diferenciadas.
1.- El Castigo a la Humanidad. Relata el
final del reinado de Ra sobre la Tierra. La Humanidad, cuando Ra ha
alcanzado la vejez, se burla de él y comienza a conspirar contra el dios
que, temeroso de perder el dominio sobre su propia Creación, hace
llamar a los dioses para pedirles consejo. Está dispuesto a castigar a
los hombres que él mismo ha creado para evitar la pérdida de poder, pero
necesita el consentimiento de los dioses primigenios. Estos le
aconsejan que envíe a su Ojo en la forma de la diosa Hathor a
castigarlos. Surge así el aspecto más sanguinario de la diosa, pero es
tal la matanza que lleva a cabo, que el propio Ra quiere poner fin a los
acontecimientos, considerando que el castigo ha sido ya suficiente y
que su autoridad puede volver a ser la misma de antes. Es entonces
cuando aparece otra forma aún más terrible de la divinidad, la de
Sejmet. Ra conoce la sed de sangre de la diosa y que la única manera de
acabar con la matanza es mediante algún ardid. Por eso encarga fabricar
una bebida somnolienta a base de cerveza y ocre rojo, traído de
Elefantina, de modo que el compuesto tenga el mismo aspecto que la
sangre humana. La diosa ante la visión del líquido se embriaga
olvidándose de la Humanidad, y Ra consigue así apaciguarla y parar la
masacre.
2.- La Ascensión de Ra. La segunda parte del
mito relata la ascensión de Ra. El dios ha envejecido y cansado de
gobernar la Tierra decide conceder su reinado sobre los hombres a Thot,
que será a partir de entonces, su representante en la Tierra y en el Mas
Allá. Hasta ese momento los hombres y dioses convivían juntos, el Cielo
y la Tierra no estaban separados y la eternidad era lineal, no cíclica,
por lo que no existía el constante renacer. Ra transforma a Nut en la
bóveda celeste, y a lomos de ella, como vaca celeste, abandona la Tierra
que hasta entonces ha gobernado. Se da lugar de esta forma al espacio
entre ambos, y será Shu quien junto con los nuevos dioses Heh, deba
soportar el cielo representando el espacio entre Geb y Nut. Es el propio
Ra quien ordena a Shu que se interponga entre la Tierra y el Cielo al
sentir miedo cuando Nut le asciende a las alturas. Es a partir de ese
momento y gracias a ese nuevo espacio creado, cuando los rayos del Sol
pueden desplegarse sobre la Tierra.
3.- Descripción de la imagen. Se conoce como
‘El Capítulo de la Vaca’ y en él se da una descripción detallada de
cómo ha de ser la representación de la vaca para que pueda proteger al
difunto; el color, los dioses, su situación, el texto a escribir en un
sentido u otro y las barcas a representar. La vaca representa el cielo
por el que navega Ra y las patas los cuatro puntos cardinales. La zona
en la que residen los dioses y espíritus se encuentra en la parte
trasera de la vaca.
4.- Establecimiento del nuevo orden. Es una
breve descripción de la nueva situación y el gobierno del Orden Cósmico
trás la la ascensión de Ra al cielo, con un diálogo dirigido a Thot.
5.- Teología de los Bas y Hechizos y fórmulas mágicas. Esta
última parte constituye una recopilación de divinidades y entes que son
bas de otros dioses, junto con fórmulas mágicas de protección.
Como podemos apreciar, en la división anterior, el
relato se aleja bastante de los clásicos textos reales del Reino Nuevo,
en los que el objetivo principal es asegurar el bienestar del rey
difunto y facilitar su viaje por el Más Allá, con detalladas
descripciones de las regiones a atravesar. Encontramos claros ejemplos
de este tipo de ‘libro’ en El Libro del Amduat o el Libro de la
Cavernas, entre otros. Sin embargo en el Mito de la Vaca del Cielo
tenemos un relato mitológico, más o menos completo, que refleja de forma
detallada la cosmogonía egipcia del Reino Nuevo y que no volvió a ser
representado en etapas posteriores. En el papiro Bremner-Rhind se describe, de forma muy concisa, la Creación por Ra. El
texto de la Vaca del Cielo es de gran importancia porque representa el
final de la Creación misma. Mientras en el primero se relata el acto de
la Creación inicial, lo que podría denominarse una ‘primera Creación’,
que da lugar a un gobierno conjunto de Ra sobre los hombres y los
dioses, en el Mito de la Vaca Celeste se refleja una ruptura en esa
unión, surgida por el castigo que Ra ordena ingligir a la Humanidad y
fundamentalmente por su ascensión al cielo, un cielo no creado hasta ese
momento. Es ahora cuando se produce el acto definitivo de la Creación
que establece un primer orden y sobre todo un segundo estado en el que
los hombres y los dioses se separan claramente. Hasta esa época la
Enéada se encontraba en su primera etapa, anterior a las revueltas (CT
VI, 261). El castigo a la Humanidad no es más que la causa de su
ascensión y por tanto de la nueva situación y orden que se establece en
el Universo. La parte más importante del mito corresponde, sin ninguna
duda, a la ascensión al cielo.
Imagen1. Tumba de Sethy I. El mito aparece representado en todas las paredes de la sala
Realmente La destrucción de la humanidad
es una mala definición del acto emprendido por Ra y de la primera parte
del relato. Podría considerarse que la intención del demiurgo es
destruir a los hombres que él mismo ha creado y que posteriormente se
arrepiente, ante el baño de sangre que lleva a cabo la diosa Sejmet como
representante del poder del Ojo de Ra. Pero realmente no es la
destrucción lo que persigue el dios, sino el castigo, un acto de dominio
sobre los hombres, lo suficientemente fuerte como para poder mantener
el control sobre ellos y su Creación, a pesar de la frase ‘He deseado
matar hasta el último’, que aparece al final de la columna 27, y que
debe tomarse de forma aislada respecto al resto del relato, pues para el
dios es suficiente reducirlos. Es la personificación de su poder,
Sejmet, quien pretende acabar con la Humanidad, por su insaciable sed de
destrucción.
Imagen 2. El rey, identificado con Shu, soportando el cielo. KV17 pared SO (d)
Erik Hornung, Der Ägyptische Mythos von der Himmelskuh
Erik Hornung, Der Ägyptische Mythos von der Himmelskuh
A pesar de que en este estado inicial de
la Creación, dioses y hombres son gobernados conjuntamente por Ra,
existe ya una diferencia entre ambos. Los primeros forman parte del acto
mismo de la Creación, son los dioses primigenios, ‘compañeros del
demiurgo’ y fieles a él en todo momento e incluso se les solicita
consejo a la hora de actuar contra los hombres, que son los verdaderos
artífices de la revuelta. Lógicamente no se nos escapa la similitud del
Diluvio, relatado en los textos bíblicos, con el Mito de la Destrucción
de los Hombres. Pero basándonos en los textos, existe una diferencia
apreciable. Ra pone freno a la posible sublevación de los hombres. Hasta
ese momento el único delito de estos ha sido burlarse de su creador, al
que ven anciano y por tanto débil. Ponen en duda su opción de gobierno
sobre ellos, mientras que el Diluvio es un castigo provocado por el mal
comportamiento humano. Dios castiga a los hombres cuando estos ya han
sobrepasado ese estado inicial de poner en duda su gobierno. Es, por
otra parte, la segunda vez que Ra se enfrenta a una sublevación. Poco
después de la Creación es objeto de una revuelta, esta vez protagonizada
directamente por un conjunto de dioses, no especificados en el relato,
aunque se hace referencia a 257 conspiradores y ocho oficiales al mando
de todo un ejército. Hay cierta similitud entre ambos relatos que hacen
hincapié en la vejez del dios, incapaz de controlar a sus hijos y de
combatirlos directamente. En esta primera revuelta es Horus el Anciano
el encargado de enfrentarse a los rebeldes. Para este mito, puede verse:
Meeks, Dimitri & Farvard-Meeks, Christine, La vida cotidiana de los dioses egipcios
p. 42 y ss. y la bibliografía que en ella se cita. Lo que hace a Meeks
tratar este texto como un primer combate contra Ra, es de suponer que
está basado en que Ra permanece en la tierra tras vencer a sus enemigos,
y por tanto la leyenda no se adaptaría a un combate posterior a la
destrucción de la humanidad, tras la cual el dios asciende al cielo y
deja el gobireno sobre los hombres. Es más lógico pensar que se trata de
dos leyendas independientes, relacionadas eso sí, pero sin continuidad.
Además este último texto pertenece a la cosmogonía del templo de
Kom-Ombo, muy posterior al mito de la vaca celeste.
En el texto existen dos aspectos importantes que es necesario destacar: Shu y la eternidad. En la tumba de Sethy I todas las paredes de la sala (imagen 1) están decoradas con textos del mito, con la representación de la vaca en la pared c, junto con las columnas 51 a 55 referentes a la descripción de la imagen, pero en la pared d,
además de las columnas 63 a 92, aparecen dos imágenes. La primera, bajo
las columnas 63 a 70, es una imagen del rey identificado plenamente con
Shu. Se encuentra dividida en dos viñetas (imagen 2).
En la parte superior aparece portando dos cetros sejem y en la inferior
hay una doble representación simétrica, en la que sujeta la columna del
Cielo con una mano y un anj con la otra. Es Shu quien soporta el Cielo
recién creado y el rey, como hijo de Ra e identificado con el dios,
ejerce esta misma función. La imagen también aparece en las paredes de
la tumba de Ramses II.
En la misma pared SO de la tumba de Sethy I aparecen representados los dos conceptos de eternidad: la eternidad lineal Dt (dyet) y la cíclica nHH (neheh) (imagen 3).
Imagen 3. Las dos eternidades Neneh y Dyet como soportes del cielo.
Erik Hornung, Der Ägyptische Mythos von der Himmelskuh
Erik Hornung, Der Ägyptische Mythos von der Himmelskuh
Hasta ese momento Ra ha envejecido, pero
a partir de su ascensión al cielo resurge cada día en un nuevo
nacimiento y su viaje se renueva con cada amanecer, por lo que
rejuvenece eternamente. Son los dos conceptos de eternidad presentes en
los textos egipcios y claramente diferenciados. Surge la eternidad
cíclica frente a la lineal, el nuevo estado lleva a una ruptura en el
concepto del tiempo, además de la ya mencionada separación entre hombres
y dioses. El creador finaliza su acto y da lugar al primer día de la
primera vez (véase F. Herbin, BIFAO 88, 1988, pg. 103). A la izquierda,
con representación masculina Neneh y a la derecha, femenina, la
personificación de Dyet. Nuevamente ambos soportan el cielo hasta el
final de los tiempos, que aparece representado sólo en KV 17, por un
conjunto de estrellas en la parte superior de la viñeta. En la otra mano
llevan un anj. La representación es una alusión a los dos grandes que
aparecen en el verso 309 ‘Thot la adorará, toda la dignidad del cielo
que está en él, mientras Shu extiende sus brazos hacia él. (Recitará):
Estoy a salvo de estos grandes y poderosos dioses que se sientan en el
lado oriental del cielo, que guardan el Cielo y guardan la Tierra, con
secretos duraderos’. La escena aparece en la parte superior de la pared
en KV17 y en la inferior en KV7, además de en la capilla de Tutanjamón.
Para una discusión sobre ambos conceptos véase Ägyptische, Excursus D,
pg. 102 y ss.
A pesar de que el texto pertenece a las XVIII, XIX y
XX Dinastías su origen es mucho más antiguo, pero no es hasta el Reino
Nuevo cuando encontramos una versión grabada completa de la leyenda, con
un lenguaje típico de este período. Ya en los Textos de las Pirámides
apreciamos rastros del mito:
(388) He inundado la Tierra que
sobresalía del lago, he arrancado la planta de papiro, he satisfecho a
Las Dos Tierras, he unido Las Dos Tierras, me he reunido con mi madre la
Gran Vaca Salvaje.
(389) Oh madre mía, la Vaca Salvaje que está en la Montaña …
(729) Tu madre es la Gran Vaca Salvaje que
vive en Nejeb, de tocado blanco, plumas largas y mamas pendulantes; ella
te amamanta y no te destetará.
(1370) Tú eres un hijo de la Gran
Vaca Salvaje. Ella te concibe, te da a luz, te pone dentro de su ala
(sic). Ella Cruza el lago contigo, atraviesa el canal %iw contigo.
(1566) Es mi madre la gran Vaca
Salvaje, de largas plumas, de tocado reluciente, de pechos colgantes, la
que me ha elevado al Cielo, no habiéndome dejado en la Tierra, entre
los dioses que tienen poder.
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